Efectividad afectiva

Efectividad afectiva

La efectividad es el equilibrio entre la eficacia y la eficiencia, es decir, somos efectivos si somos eficaces desde la eficiencia.

La eficacia es lograr un resultado o efecto, aunque no sea correcto.

La eficiencia es la capacidad de conseguir los efectos de una acción con el mínimo de recursos posibles y viables.

La afectividad es el conjunto de emociones que mostramos como personas ante situaciones diferentes. La afectividad puede definirse como un conjunto de impulsos emocionales que no podemos dominar y que nos llevan a poder cuidar el otro desde nuestra manera de aproximarnos.

 

En el ámbito empresarial se habla mucho de trabajar habilidades para la efectividad. Pero, ¿Como lo entendemos?

Para ser efectivos debemos tener en cuenta algunos elementos básicos en la organización de nuestro día a día, tanto personalmente como en la gestión de los equipos. Tenemos que trabajar desde las inteligencias múltiples personales y de grupo. Debemos definir estrategias organizacionales, nuevos marcos organizativos para desarrollar herramientas que nos permitan organizarnos en nuestro día a día (gestión del tiempo). Debemos potenciar el consenso para potenciar trabajar el sentido común (de equipo) desde la interdependencia cooperativa y positiva que sólo se puede construir con actitudes proactivas y de motivación capaces de movilizar a las personas desde la creencia de la utilidad de lo que están haciendo.

 

Para hacerlo posible hay que basarse en estos cinco puntos:

1. Debemos potenciar la responsabilidad que es el motor que nos permite ser eficientes; la responsabilidad depende de cada persona, sea a nivel propio o en el rol que juega dentro de una organización. La responsabilidad nos permite asumir compromisos y hacerlos posibles. Sentirse responsable nos genera una oportunidad a la afectividad creativa.

2. Pero con la responsabilidad no tenemos suficiente y por lo tanto tenemos que ser conscientes de nuestra capacidad. La capacidad se construye desde los conocimientos (competencias técnicas) y desde las habilidades que nos permiten alcanzar los objetivos. Ser capaz nos pide que tengamos estrategias de autoconocimiento tanto personal como de equipo, al tiempo que estrategias de reconocimiento: saber reconocer (dar valor)

3. Para alcanzar los objetivos que nos proponemos debemos ser conscientes de la importancia de la motivación; tanto la automotivación propia de cada persona, como la motivación que depende de cómo las organizaciones somos capaces de motivar, de tratar a nuestros profesionales como FANS de nuestra entidad. A menudo la motivación estará plenamente ligada a la VOLUNTAD de hacer o ser. La motivación es el motor que define como actuamos y cómo nos comportamos a partir lo que percibimos sentimos y razonamos. Sin motivación no hay creencia ni convencimiento y genera decisiones débiles poco transformadoras ya menudo acciones poco coherentes que no tienen fuerza.

4. Otro elemento básico será la autogestión, tanto de los recursos materiales que disponemos y que nos permite ser eficientes, como de la gestión emocional, afectiva, del cual nos hace sentir lo que hacemos, si le encontramos sentido, razón de ser, o de si hace sentir bien a los demás. Debemos saber gestionar nuestras capacidades y nuestras motivaciones en lo que hacemos.

5. Por último cabe la simplificación, es decir hacer las cosas de la manera más clara y sencilla posible, a menudo acabamos escribiendo protocolos complejos que requieran diagramas de flujo en los que tenemos que aprender a leer cada simbología. Lo que es más sencillo, claro y concreto nos permite ser más efectivos, eficientes y eficaces. Además podemos ser afectivos. Desde el afecto podemos hacer sentir bien y podemos sentirnos bien, potenciando espacios de proximidad y realización hacia la persona a la que atendemos, con quien trabajamos o con quien vivimos. La efectividad crece exponencialmente cuando va acompañada de afectividad, por tanto de procesos en los que podemos hacer sentir a los demás, poniendo límites a la proyección personal. Un ejemplo de afectividad efectiva en las relaciones es agradecer, saber disculparse o saber reconocer.

 

Un artículo de Quico Manyós para el blog DIGNETIK



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