¿Éxito o excelencia profesional?

¿Éxito o excelencia profesional?

En numerosas ocasiones escuchamos como unos a otros nos deseamos mucho “éxito” al poner en marcha un proyecto, al iniciar un nuevo trabajo profesional o al comenzar a trabajar después de graduarnos en la Universidad. Sin embargo en muy raras ocasiones nos deseamos ser “un excelente profesional” Esto me hace pensar que, cuando manifestamos el deseo de éxito o de triunfo profesional, estamos pensando en el aplauso de los demás, en alcanzar notoriedad en la vida social o en ganar mucho dinero y olvidamos la trascendencia del trabajo bien hecho aunque parezca muy modesto desde el punto de vista social y no lleve al aplauso de los que nos rodean.

Hemos visto, en los últimos años, a muchos que han alcanzado “éxito” profesional y como, al pasar el tiempo, esos ídolos eran corruptos, carne de prisión, o grandes magnates de éxito que se han hundido por no ser excelentes integralmente. Vienen a mi cabeza las alarmantes noticias de productores, actores, parlamentarios, altos dignatarios que han abusado prepotentemente de los demás y que ahora caen en desgracia. La sociedad está cansada de mediocres, incluso de mediocres disfrazados de triunfadores por el trabajo de asesores de imagen.

La excelencia es un Valor, mucho más que un aplauso pasajero. Un Valor al que debemos aspirar con espíritu de superación, iniciativa y afán de mejora continua. Para ello, debemos trabajar con esfuerzo, orden, compromiso, responsabilidad y actitud de cooperación, y con la voluntad de actuar siempre éticamente. Se trata de desarrollar nuestra tarea profesional con ilusión e implicación y con una actitud proactiva.

El esfuerzo por alcanzar la excelencia debe formar parte de nuestro modo de entender el trabajo. Por tanto, es una aspiración que culminará en un reconocimiento externo.

El porqué de la excelencia

Porque tenemos que ser motores del cambio social y para ser motores de este cambio hay que tener excelencia profesional y, como consecuencia de esto, estar en el origen mismo del cambio de la cultura, de la técnica, de la Salud, del Derecho, de las nuevas tecnologías, de la innovación, de la educación, del mundo empresarial.

Forjarse la excelencia en el tiempo

Es muy bueno querer alcanzar la excelencia lo antes posible; y sin embargo, la excelencia se logra con el trabajo constante, de muchos años. No hay atajos.

La excelencia fruto de la formación integral y continua

Para conseguir esa excelencia necesitamos una formación integral que no acaba nunca, no sólo una formación técnica sino también una formación humana fundamentada en Valores serios, en la virtud; necesitamos una buena gestión de nuestro mundo emocional; necesitamos un buen desarrollo de la Inteligencia emocional; necesitamos un desarrollo de competencias transversales, habilidades y actitudes positivas.

Actualmente se hace más necesario redescubrir el valor y la necesidad de las virtudes humanas, pues algunos las consideran en oposición a la libertad, a la espontaneidad, a lo que piensan equivocadamente que es «auténtico» en el hombre. Muchas de ellas referidas a las relaciones sociales, esto es, la honradez, el espíritu de justicia, la sinceridad, los buenos sentimientos, la fortaleza, la alegría y el buen humor. Son pilares básicos la verdad, la justicia, la libertad y todo esto impregnado por el amor. En la actualidad se experimenta de manera especial una resistencia al esfuerzo personal, a lo que implica trabajo, sacrificio, abnegación, cumplir un horario, cuidar el orden material, no ceder a los caprichos, dominar enfados, acabar tareas, etc.

La Excelencia será fruto del desarrollo de competencias transversales fundamentales como el trabajo cooperativo, el impacto y la influencia, la flexibilidad y la proactividad, el compromiso social, la innovación y el espíritu emprendedor, la comunicación, la orientación a los demás.

Un profesional pleno de conocimientos técnicos pero que carece de empatía, que no sabe escuchar ni dialogar, que no es asertivo, que no es compasivo nunca será excelente.

Un profesional que carece de compromiso social auténtico nunca será un excelente profesional.

Por último, aunque parezca hoy en día un tema sin importancia, os diría expresamente que la excelencia también se nota en el tono humano, el comportamiento cordial y respetuoso en las relaciones con los demás. Y éste hay que fomentarlo en la familia, en el mundo laboral, en el ocio, en el deporte, en el descanso, aunque no pocas veces se precise también en eso ir contracorriente.

Particular importancia reviste para alcanzar la excelencia profesional tener un buen nivel cultural. Un profesional que no tiene interés por la lectura, por la música, por la Belleza en general raramente será un excelente profesional.

Hay que estar repensando la excelencia constantemente, repensando como trabajar una formación transformadora para no quedarnos nunca anclados en nuestra zona de confort.

Un artículo de Evaristo Aguado

 



  1. María Aguado Sanmartí Says: noviembre 16, 2017 at 10:43 pm

    Estoy de acuerdo en lo expuesto en el artículo. Las personas con un elevado nivel de excelencia profesional también son poseedores de una gran excelencia personal y los valores q ello conlleva. La excelencia personal es la base de todas las «excelencias» según mi modesta opinión. Excelente artículo.

  2. Excelente Artículo.
    De hecho desde hace mucho tiempo hemos perdido el horizonte y confundimos, equivocamos nuestras metas objetivos.
    Siempre he pensado que el «Éxito» no es una meta sino consecuencia de haber conseguido unas metas correctamente puestas, como:
    Aprender y saber (estudiantes)
    Aportar valor y ayudar a los demás (profesional), etc.
    Porque el éxito no es ni más ni menos que el reconocimiento a nuestra aportación.

  3. Muy interesante el artículo.

    Gracias, me ayuda a seguir orientando mi superación

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